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La
penúltima vez que conversé
con Paulo Freire fue en 1993. Él
me había advertido previamente:
la mitad del tiempo, tú me preguntas
lo que desees; pero la otra mitad, yo
pregunto lo que quiero. La primera
pregunta que me hizo fue:
- ¿Y cómo va la lucha de
los compañeros en el Perú?
Porque tú vives en un país,
donde quien asume una posición
crítica: ou foge ou morre (o
huye o muere) (1).
La
preocupación de Paulo Freire por
el movimiento social y político
en el Perú, no era casual. Él
no solamente ha sido un pensador, sino
un promotor de grupos, articulador de
movimientos sociales, responsable político-administrativo
de instancias
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educativas
oficiales y hasta fundador del Partido
de los Trabajadores (PT).
Pero
tampoco era casual, la exigencia de conversar
antes que ser unilateralmente entrevistado.
Creyente del diálogo como concepción
y método, lo ponía en práctica
en su vida cotidiana. Por ello también,
en el tema de movimiento social, supo
combinar su práctica e inserción
en el movimiento social, con
la teorización del mismo.
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DESDE
SUS VIVENCIAS
Para
Freire, su inserción en la práctica
y la teoría pedagógica fue in
crescendo a partir de vivencias cotidianas.
El título de licenciado en derecho le
permitió ingresar como profesor de ciencias
sociales y de portugués, en colegios
de Recife, a inicios de la década del
40; mientras paralelamente asesoraba sindicatos
estatales. Por esa época, conoció
y se casó con la maestra de Primaria
Elza María Oliveira, en 1944. Y estas
circunstancias de vida cotidiana lo introdujeron
a la práctica educacional, a la cual
se entregó con pasión, pero desde
una opción por los pobres.
La
ligazón de Freire con el mundo educativo
se profundizó cuando, en 1947, asumió
en Recife la plaza de Jefe del Departamento
de Educación del Servicio Social de la
Industria. Allí comenzó a reorientar
el trabajo de las guarderías y escuelas
de la SESI y a formar con los padres de familia
los clubes de trabajadores,
donde se analizaban los problemas individuales
de manera colectiva, con tres principios centrales:
diálogo, parlamentarización
y auto-gobierno (2).
Desde
esta práctica, Freire aprende la importancia
del trabajo colectivo y de que -como punto de
partida- deben asumirse los intereses y las
necesidades de las personas, su lenguaje y el
saber acumulado por ellas (3).
Más tarde en entrevista a Rosa María
Torres- insistirá en que hay que partir
de la conciencia aún distorsionada de
la masa. Pero esto es un punto inicial que debe
ser superado. Dice Freire:
Esto
significa que desde el punto de vista de la
educación como un acto de conocimiento
nosotros los educadores debemos siempre partir
partir es el verbo, no quedarnos- siempre
de los niveles de comprensión de su
medio, de la observación de la realidad,
de la expresión que las propias masas
populares tienen de su realidad. Es a
partir del lugar en que se encuentran las
masas populares que los educadores revolucionarios,
a mi juicio, tienen que empezar la superación
de una comprensión inexacta de la realidad
y ganar una comprensión cada vez más
exacta, cada vez más objetiva de la
misma (4)
La
experiencia formativa desde núcleos y
desde las vivencias concretas, validadas en
el SESI se profundizaría cuando el izquierdista
Miguel Arraes ganó las elecciones municipales
de Recife. En 1960, Freire se hizo cargo de
impulsar los Círculos de Cultura
que dieron forma al Movimiento de Cultura
Popular (MCP). Desde allí, se
gestó la práctica de alfabetización,
como dimensión de la educación
y de la cultura popular.
El
círculo de cultura era una experiencia
en que uno trabajaba con dos, tres y hasta
veinte personas. El número no era lo
principal, sino el grupo, que asumía
proyectos de estudio. Los proyectos de los
círculos de Cultura del Movimiento
de Cultura Popular no tenían una programación
a priori. Cada grupo decidía
sobre los temas a debatir (5).
El
método de alfabetización gestado
en el MCP conocido posteriormente como Método
Paulo Freire- suponía personas organizadas
en grupo, pero que reflexionaban sobre sus propias
vivencias y éstas eran de pobreza y de
miseria.
LA
PERSONA Y LA LIBERACIÓN
Nacido
en una familia católica, Freire nunca
ocultó esta raíz religiosa de
su pensamiento y de su práctica. Su cercanía
con los humildes le permitió acercarse
a los pensadores cristianos más progresistas
de su época, principalmente franceses
y brasileños: Teilhard de Chardin, Jacques
Maritain, Emmanuel Mounier, Alceu Amoroso Lima,
entre otros.
Ya
catedrático universitario, rápidamente
se ligó a un movimiento de estudiantes
católicos: la Juventud Universitaria
Católica (JUC) (6).
Esta ligazón no la hizo abandonando su
práctica educativa con los sectores populares:
barriales y campesinos. Pero, le introdujo a
ser indirectamente partícipe en la gestación
brasileña de la teología de
la liberación, junto con el obispo
Hélder Cámara y los sacerdotes
Comblin, Leonardo Boff y Frey Betto. Este nexo
le permitió perfilar mejor su opción
central por el humanismo cristiano, en un contexto
de pobreza deshumanizante.
Para
Freire, es la condición humana la que
debe defenderse. Es la condición humana
como que la única categoría determinante
y no determinada. Todo el quehacer social explica
en la búsqueda de hacer al humano más
humano. La opresión debe ser rechazada,
en la medida que destruye la condición
humana; y la liberación debe ser aceptada,
porque construye la condición humana;
pero el tránsito de la opresión
a la liberación debe realizarse asumiendo
la condición humana. El movimiento social
es confluencia de personas y, por ello, debería
asumir como punto de partida, como meta y como
criterio de tránsito la misma condición
humana.
La
reflexión y la práctica educacional
de Freire se enmarcan en este marco sustantivo.
Por ello, podríamos hablar de las tesis
de Freire como las de un humanismo pedagógico
y social (7).
En
su Pedagogía del Oprimido, Freire señala
que hay una necesidad que se impone: la persona
debe ser más persona y para ello se debe
superar la situación opresora. Esto significa
el reconocimiento crítico de la razón
o raíz de esta situación, lo cual
nos lleva hacia una acción transformadora
que la altere e instaure una nueva situación,
donde la persona pueda ser más. Siendo
así el oprimido se libera de una situación
deshumanizante y también libera al opresor
de una situación deshumanizante (8).
Recordemos
que en la década de 1970, se había
perdido claridad en la participación
conciente de todos en y cada una de las personas,
en su propia liberación. Entonces, se
ponía mayor peso en que el partido era
el responsable de hacer las transformaciones
para los pobres. En este contexto, Freire recuerda
la tesis de que los actores de la liberación
de los oprimidos debían ser ellos mismos.
¿Quién
mejor que los oprimidos está preparado
para comprender el terrible significado de
una sociedad opresora? ¿Quién
sufre los efectos de la opresión con
mayor intensidad que los oprimidos? ¿Quién
con más claridad que ellos pueden asumir
la necesidad de la liberación? Los
oprimidos no tendrán su liberación
por casualidad, sino por su propia práctica
y ésta solamente es posible si existe
la conciencia de luchar por conseguir esta
nueva situación (9)
En
este marco, toda práctica humana es de
interacción de sujetos; y también
la educación es finalmente interacción
de sujetos que enseñan y sujetos que
aprenden, buscando desarrollar la condición
humana de los sujetos. El diálogo educativo,
entonces, no es un mero recurso didáctico;
sino la comprensión profunda de una interacción
entre personas. Un enfoque educativo sin diálogo
se traduce en programas sociales dosificadores
y que no organizan a la población. Por
ello, Freire criticó las propuestas de
verticales y unilaterales de extensión,
como prácticas de trabajo con los campesinos
en Chile (10).
CONCIENCIA
La
salida de la opresión hacia la liberación
no debe ser un simple acto del hombre,
sino un acto profundamente humano.
Para que ello sea así, necesariamente
los sujetos deben ser concientes de los problemas
que lo aquejan, de la nueva situación
donde quiere llegar y del proceso de su liberación.
La
tesis de la concientización
formulada por Freire en 1968, tuvo inicialmente
un sabor simplemente individual y grupal. La
toma de conciencia era conciencia personal y
nuclear y no llegaba a ser conciencia de clase.
Esto generaba una suerte de mito en un cambio
social por obra de personas o de núcleos
segmentados de personas, como el mismo Freire
autocráticamente reconoce (11).
ORGANIZACIÓN
En
la lógica freiriana, importa la organización
del sujeto colectivo. Sin embargo -así
como en la práctica de concientización
hubo un período freiriano de enfoque
meramente personal y nuclear- de igual manera
inicialmente Freire solamente asumía
la organización y el movimiento social,
con criterio meramente grupal. Solamente después
reconocerá la necesidad de la organización
más amplia, radical y política.
Freire
desde sus primeras experiencias en el campo
educacional, asumirá la necesidad de
actuar de manera organizada. El impulso de clubes
de trabajadores con sindicalistas; de círculos
de cultura con campesinos y pobladores de favelas;
de republiquetas con estudiantes universitarios;
consejos de escuela con padres de familia; los
núcleos de acción educativa serán
preludio de formas más amplias de organización
popular. Para Freire, estos grupos eran base
de organizaciones más amplias, como el
Movimiento de Cultura Popular; el Movimiento
de Alfabetización de Jóvenes y
Adultos.
Sin
embargo, Paulo Freire paulatinamente fue asumiendo
la necesidad de participar en organizaciones
políticas que pugnasen por el cambio.
Ni
masas populares atomizadas, coherentes consigo
mismo, pero que marchan al vaivén de
los acontecimientos, sin un partido revolucionario
y sin una vanguardia que esclarece, moviliza
y organiza; pero tampoco una vanguardia que
se cree propietaria de las masas populares
(12)
En
coherencia con esta manera de pensar, Paulo
Freire en 1980 fue fundador del Partido
de los Trabajadores (PT).
El
15 de noviembre de 1988, el PT ganó las
elecciones municipales de Sao Paulo y de manera
militante Paulo Freire asumió la Secretaría
Municipal de Educación de Sao Paulo (1989-1991).
Paulo
Freire era la opción más lógica.
Miembro fundador del PT, miembro de la Comisión
de Educación del partido, presidente
de la Fundación Wilson Pinheiro del
PT y un verdadero mito vivo de la pedagogía
crítica.
Como secretario de Educación, Paulo
Freire no pasó tanto tiempo reflexionando
teóricamente sobre el poder o teorizando
sobre la politicidad de la educación
sino ejerciendo el poder si bien delimitado
fragmentado- pero poder educativo finalmente
(13).
El
trabajo de Freire se centro en 4 objetivos:
Ampliar el acceso y permanencia al derecho
de la educación, de la población
de sectores populares;
Democratizar el poder pedagógico,
haciendo que la planificación educativa
fuese autogestionada por estudiantes. docentes,
padres de familia y técnicos de educación;
Eliminar el analfabetismo de jóvenes
y adultos de Sao Paulo
Desarrollar la calidad educativa con
tres medidas: sistema de formación permanente
de los docentes; construcción colectiva
de un Círculos Interdisciplinario en
cada institución educativa; y ligar la
educación a la vida cotidiana y construcción
social, asumiendo el enfoque crítico.
Se
dieron medidas concretas como:
Reparación de infraestructura
educativa;
Desarrollo de bancos escolares;
Desarrollo de consejos de escuela;
Formación de Núcleos de
Acción Educativa;
Reforma curricular, basada en la interdisciplinaria,
enfoque crítico y orientación
para el cambio.
Creación del Movimiento de Alfabetización
de Jóvenes y Adultos (MOVA;
Desarrollo de la escuela pública
popular (14).
Durante
tres años Paulo Freire puso a pruebas
nuevas formas de hacer política en educación.
Hablaré
de algunos puntos que me parecen fundamentales
para la política educativa de un partido
que, siendo popular no es populista; siendo
revolucionario. no es autoritario;
siendo demócrata, no es democratista;
siendo educador, se reconoce educando
de los movimientos sociales populares (15).
Paulo
Freire murió como militante del PT y
ya no estuvo vivo para gozar y sufrir con el
triunfo de Lula. Ni tuvo el júbilo esperanzador
con el ingreso del PT al gobierno; ni tuvo que
llorar con la frustración de problemas
éticos en personajes del gobierno del
PT. Pero lo que importa rescatar es que no solamente
fue creyente del movimiento social, sino generador
y militante del mismo, teniendo que asumir inclusive
tareas de carácter político-administrativo.
RASGOS DE LAS
ORGANIZACIONES LIBERADORAS
Para
Freire, hay un criterio central en las organizaciones
que se forman para la liberación humana:
su coherencia con la condición humana.
Freire
cree en las organizaciones y en el movimiento
social, ya que asume que sin grupo y sin organización
no es posible la liberación y, estaríamos
condenados a aceptar una situación inhumana.
La organización de hombres y mujeres
resulta un imperativo para el desarrollo humano.
Pero Freire analiza la ontogénesis de
las organizaciones liberadoras y asume que ellas
son válidas en la medida que guardan
coherencia con la misma condición humana.
Este criterio resulta un supuesto para Freire
y desde él, derivará varios rasgos.
a)
Conciencia crítica y de esperanza
Paulo
Freire asume que no hay posibilidades de transformación,
si las personas de manera individual y organizada-
no tienen una conciencia crítica de la
realidad y si no tienen esperanza o sueño
de vivir en una situación diferente,
donde exista desarrollo humano. Todo movimiento
social se nutre de la esperanza y del sueño.
La
esperanza es una necesidad ontológica;
la desesperanza es esperanza que perdiendo
su dirección, se convierte en distorsión
de la necesidad ontológica. Sin embargo,
mi esperanza es necesaria pero no suficiente.
Ella sola no gana la lucha, pero sin ella
la lucha flaquea y titubea. Necesitamos la
esperanza crítica como el pez necesita
el agua incontaminada Prescindir de la esperanza
que se funda no sólo en la verdad sino
en la calidad ética de la lucha, es
negarle uno de sus soportes fundamentales
(16).
No
basta tener diagnóstico de la realidad,
importa tener una utopía o sueño
de una situación diferente. Justamente
la crítica nace al contrastar la situación
real y la situación posible. Solamente
así es posible problematizar las situaciones.
Sin esta crítica problematizadora, simplemente
deberíamos aceptar la situación
deshumanizante existente. Por ello, toda organización
supone desarrollar la conciencia crítica
de sus miembros.
Quizás
uno de los saberes fundamentales más
necesarios sea el que se expresa en la certeza
de que cambiar es difícil, pero es
posible. Es lo que nos hace rechazar cualquier
postura fatalista que concede a éste
o aquel factor condicionante un poder
determinante, ante el cual nada se
puede hacer
Por estas mismas razones, niego la desproblematización
del futuro a la que siempre hago referencia
y que supone su carácter inexorable.
La desproblematización del futuro en
una comprensión mecanicista de la historia
de derechas y de izquierdas- lleva necesariamente
a la muerte o a la negación autoritaria
del sueño, de la utopía, de
la esperanza
El pensamiento profético, que es también
utópico, implica denuncia
de cómo estamos viviendo y el anuncio
de cómo podríamos vivir. Por
eso mismo, es un pensamiento esperanzador
(17).
b)
Unión
Para
Freire, uno de los rasgos más importantes
del movimiento popular es su unidad. Si bien
acepta la existencia del conflicto y posibles
diferencias entre las personas, debe imponerse
la unidad como requisito para la humanización
de las prácticas sociales y económicas.
Sin
unidad, los poderosos hacen lo que quieren con
los pobres y se hace inviable la humanización.
La organización de los pueblos resulta
amenaza para los opresores y, por ello, buscan
la desunión de los oprimidos.
El
dividir para mantener la opresión es
otra dimensión fundamental de la teoría
de la acción opresora, tan vieja como
la misma opresión.
En la medida que las minorías oprimen
a las mayorías, sometiéndolas
a su control, buscan dividirlas y mantenerlas
divididas como una condición necesaria
para continuar con su poder. Los opresores
no se pueden dar el lujo de consentir la unificación
de las masas populares, ya que ello ciertamente
significaría una seria amenaza para
su hegemonía.
Toda unión de los oprimidos entre sí,
ya es una acción en sí misma;
pero ella apunta hacia una práctica
mayor. Implica que tarde o temprano al tomar
conciencia de su despersonalización-
descubran que serán fácil presa
del dirigismo y de la dominación. Por
el contrario, unidos y organizados podrán
transformar sus debilidades, en fuerza transformadora,
capaz de recrear el mundo para hacerlo más
humano (18).
c)
Diálogo
Como
hemos dicho, Freire reconoce la posibilidad
de puntos de vista diversos; pero todos ellos
deben converger en la unidad para defender y
desarrollar la condición humana, pero
para ello- la condición sine qua
non es el diálogo. La desunión
es un principio de la opresión y supone
el antidiálogo. La unión es principio
de la liberación y supone el diálogo.
En
la teoría de acción antidialógica,
la conquista es un rasgo central, pues implica
un sujeto -que avasallando a otro sujeto-
lo convierte en cuasi una cosa. En la teoría
dialógica de la acción, los
sujetos se encuentran como tales para transformar
el mundo en mutua colaboración.
Mientras, en la teoría de acción
antidialógica, la manipulación
se impone como una condición indispensable
al acto dominador (pues ella sirve para la
conquista); en la teoría dialógica
de acción, encontraremos como su opuesto
antagónico- la necesidad de la organización
de las masas populares (19).
d)
Radicalidad, sin sectarismo
Cuando
un grupo es de veras crítico no solamente
encuentra problemas, sino que sueña en
una nueva realidad posible. Para ello, importa
ir a las raíces de los problemas, es
decir, ser radicales; sin caer en la
aceptación acrítica de medidas,
es decir, tomar posición sin argumento,
comportándose como sectarios. Ir a la
raíz de los problemas es aplicar la criticidad
con criterio de rigurosidad.
El
sectarismo es castrador, por el fanatismo
en que se nutre. La radicalización
por el contrario- siempre es creadora por
la criticidad que la alimenta. Mientras el
sectarismo es místico y, por ello,
alienante; la radicalización es crítica,
por ello liberadora.
El sectario pierde de vista la objetividad
y se refugia en la subjetividad. El sectarismo
parta de quien parta es un obstáculo
a la liberación de los pueblos
En este marco, un radical jamás será
una persona meramente subjetiva. Para un radical,
el aspecto subjetivo toma cuerpo en una unidad
dialéctica con la dimensión
objetiva de la propia idea, es decir, con
los contenidos concretos de la realidad sobre
la cual ejerce el acto de conocer. De esta
manera, la objetividad y la subjetividad se
encuentran en una unidad dialéctica
que genera un actuar y un pensar certeros
en y sobre la realidad que debe ser transformada
(20).
e)
Proyecto y lucha
Paulo
Freire murió el 2 de mayo de 1997, cuando
estaba escribiendo su último libro que
finalmente fue publicado con el título
de Pedagogía de la indignación,
en la medida que está empapado de su
amor humanista y su rabia e indignación
política (21)
Freire
afirmó
Tenemos
derecho y deber de cambiar el mundo Lo que
no es posible es pensar en transformar el
mundo, sin un sueño, sin utopía
y sin proyecto Los sueños son proyectos
por los que se lucha y toda concreción
de sueños supone lucha En realidad,
la transformación del mundo a la que
aspira el sueño, es un acto político,
y sería una ingenuidad no reconocer
que los sueños tienen sus contrasueños
(22)
f)
Ni basismo, ni autoritarismo
En
los movimientos populares debe conjugarse la
tensión entre un enfoque que siempre
da la razón a las personas que constituyen
la base de una organización (el basismo);
respecto a quienes siempre dan la razón
a las autoridades o dirigentes de un grupo.
Todo movimiento social debería usar la
dialéctica en la relación dirigentes-dirigidos,
asumiendo que esta relación supone interacción
de sujetos, cada uno de los cuales tiene conciencia
y libertad para actuar. Hacer olvido de esta
relación dialéctica nos hace caer
en el basismo y/o en el autoritarismo. Al respecto,
Freire dice:
Importa
que aprendamos a lidiar son la tensión
entre autoridad y libertad Cuanto más
auténticamente vivo esa tensión,
tanto menos temo a la libertad y menos niego
a la autoridad necesaria El basismo es tan
autoritario como el elitismo. El elitismo
de las clases dominantes, como el elitismo
de algunos líderes llamados progresistas,
en el fondo, es tan reaccionario como aquéllas.
Estar con las bases populares, trabajar con
ellas, no significa erigirlas en propietarias
de la verdad y de la virtud. Estar con ellas
significa respetarlas, aprender con ellas
para enseñarles también.
El sectarismo del que se nutre el basismo,
tendría que llevarlo necesariamente
a perder la visión más dinámica,
contradictoria, procesual de la realidad.
El exceso de certeza restringe la práctica
basista y la hace indiscutiblemente autoritaria.
El error del basismo no está en valorar
las bases populares, sino en hacerlas únicas
depositarias de la virtud. Su error no está
también en criticar, negar, rechazar
el intelectulismo academicista, el teoricismo
arrogante, sino en rechazar la teoría
misma, la necesidad del rigor, de la seriedad
intelectual (23).
Admirador
de Amílcar Cabral en Guinea-Bissau, celebra
que él haya rechazado al mismo tiempo
el espontaneismo basista, como la manipulación
autoritaria.
Ni
laxitud, ni autoritarismo burocrático.
Ni una vanguardia detrás de las masas
que se pierde en la polvareda que ellas van
dejando en su atropellada; ni una vanguardia
que se encuentra muy por delante y que en
la polvareda que deja- pierde de vista a las
masas (24)
g)
Contextualizadas
La
práctica liberadora es contra toda forma
de deshumanización. De allí que
importa según Freire- que todo grupo
lea su realidad y contextualice su actuar.
A
nivel macro, importa que el movimiento social
y político lea la realidad global y
señale alternativas globales. Por ejemplo,
en el actual período, importa luchar
contra el neoliberalismo, según Freire,
en la medida que este modelo constituye el
sistema opresor de los humanos en el contexto
contemporáneo.
Hoy en día el movimiento social debe
apuntar a destruir al neoliberalismo que organiza
el quehacer social y también la educación,
como formas de organización inhumanas.
Pero ¿por qué luchar contra
el neoliberalismo? Para Freire, la respuesta
es clara: se trata de modelo que genera deshumanización.
De allí la crítica permanente
que siempre llevo en mí a la maldad
neoliberal, al cinismo de su ideología
fatalista y a su rechazo inflexible al sueño
y la utopía (25)
(2:16)
DESDE
LA EDUCACIÓN
Todo
movimiento social supone prácticas educativas
liberadoras. Sin educación no hay procesos
intencionales de organización y de articulación
de los pobres. Y cuando las personas constitutivas
de un movimiento social son sujetos de la educación,
entonces, hay una doble razón para asumir
los criterios de la educación liberadora.
En
educación, los principales actores del
movimiento social deben ser los maestros y maestras.
Por ello, Freire después de establecer
que la pedagogía es una esperanza para
nuestros pueblos (Pedagogía de la esperanza,
1992) se puso hacer el prólogo que le
resultó un nuevo texto que tuvo el nombre
de professora sim; tia nao; cartas a quem usa
ensinar. La publicación portuguesa salió
en 1993 y la versión española
(Cartas a quien pretende enseñar) en
1994. El título rechazaba la desvaloración
del maestro impuesta por el sistema, pero al
mismo tiempo quería mostrar que el acto
de enseñar debería darse en relaciones
de afecto y racionalidad (26),
donde el maestro y la maestra deben ser puntales
en la constitución del movimiento social
educativo y popular.
Una
de las tareas del educador o la educadora
progresista, a través del análisis
político serio y correcto, es descubrir
las posibilidades cualesquiera que sean los
obstáculos- para la esperanza, sin
la cual poco podemos hacer porque difícilmente
luchamos, y cuando luchamos como desesperanzados
o desesperados es la nuestra una lucha suicida,
un cuerpo a cuerpo puramente vengativo (27).
 |
Para
Freire, el movimiento social, popular
y educativo debe proponer alternativa
pedagógica, sin que esto signifique
pedagogismo. A los grupos de poder, hay
que responder con proyecto pedagógico,
pero con criterio político y enfoque
popular.
Todo
proyecto pedagógico es político
y se encuentra empapado de ideología.
El asunto es saber a favor de qué
y de quién, contra qué
y contra quién se hace la política
de la que la educación jamás
prescinde (28).
En
este marco, el maestro o maestra en cuanto
tales- deberían intervenir en el
movimiento social asumiendo su especificidad
de inmersos en la relación enseñar
y aprender, en un contexto que exige luchar
contra toda forma de deshumanización
y buscando la liberación de sí
mismos y de nuestros pueblos.
|

*
E-mail: <pedagogia@chavin.rcp.net.pe>
(1) En portugués
ou foges ou morres tiene una pronunciación
semejante a Fujimori, dictador entonces presidente
del Perú.
(2) Ver FREIRE,
Paulo (1959). Educaçao e atualidade
brasileira. Recife (mimeo, en Instituto
Paulo Freire, Sao Paulo). En este documento
Freire da testimonio de sus primeros pasos en
educación popular.
(3) En 1958, Freire
concursa a la cátedra de Historia y Filosofía
en la Universidad de Recife. La tesis que entonces
defendió era una sistematización
de sus hallazgos en la práctica educativa
en SESI.
(4) TORRES, Rosa
María (1986). Educación
popular: Un encuentro con Paulo Freire.
Quito, CECCA-CEDECO, p. 80.
(5) FREIRE, Paulo
e BETTO, Frei (1986). Essa escola chamada
vida. Depoimentos ao repórter
Ricardo Kotscho, Sao Pualo, Editora Ática,
p. 14
(6) En la década
de 1960, la JUC en Brasil constituyó
uno de los movimientos sociales más importantes
de lucha contra la dictadura de Castelo Branco.
Desde la JUC, se formó en 1966 el partido
progresista Açao Popular que sería
el preludio del Partido dos Trabalhadores (PT),
creado en 1980.
(7) Ver sobre este
punto TORRES, Carlos Alberto (1981).
Leitura crítica de Paulo Freire.
Sao Paulo, Editora Loyola, p. 10-11.
(8) FREIRE, Paulo
(1968). Pedagogia do Oprimido.
Río de Janeiro, Editora Paz e Terra,
p. 33-36
(9) FREIRE, Paulo
(1980). Concientizaçao. Teoria
e prática da libertaçao.
Sao Paulo, Editora Moraes, p. 57
(10) Ver FREIRE,
Paulo (1969). ¿Extensión
o comunicación? Santiago de
Chile, Instituto de Capacitación e Investigación
en Reforma Agraria.
(11) FREIRE, Paulo
(1971). Desmistificación de la
concientización. En TORRES,
Carlos Alberto compilador (1983): La praxis
educativa de Paulo Freire. México, edic.
Gemika.
(12) FREIRE, Paulo
(1978). Cartas à Guiné-Bissau.
Rio de Janeiro, Editora Paz e Terra, p. 23.
(13) GADOTTI, Moacir
y TORRES, Carlos Alberto (1999). Paulo Freire,
administrador público. En FREIRE, Paulo:
La educación en la ciudad. Segunda Edición,
México, Siglo XXI, p. 14 y 16.
(14) FREIRE, Paulo
(1999). La educación en la ciudad.
Segunda Edición, México, Siglo
XXI, p. 16-18
(15) FREIRE, Paulo
(1999). La educación en la ciudad.
Ob. c. p. 33
(16) FREIRE, Paulo
(1999). Pedagogía de la esperanza.
Un reencuentro con la pedagogía del oprimido.
Cuarta edición. México, Siglo
XXI editores, p. 8.
(17) FREIRE, Paulo
(2001). Pedagogía de la indignación.
Madrid, Ediciones Morata, p. 66, 67 y 131. Esta
obra póstuma de Freire fue publicada
después de su muerte.
(18) FREIRE, Paulo
(1968). Pedagogia do oprimido.
Ob. c. p. 138 y 142.
(19) FREIRE, Paulo
(1968). Pedagogia do oprimido.
Ob. c. p. 165 y 175
(20) FREIRE, Paulo
(1968). Pedagogia do oprimido.
Ob.c. p.25 y 26.
(21) FREIRE, Paulo
(2001). Pedagogía de la indignación.
Madrid, Ediciones Morata, p. 23
(22) FREIRE, Paulo
(2001). Pedagogía de la indignación.
Ob. c. p. 64 y 65.
(23) FREIRE, Paulo
(1999). La educación en la ciudad.
Segunda edición, México, Siglo
XXI editores, p. 158 y 159
(24) FREIRE, Paulo
(1978). Cartas à Guiné-Bissau.
Ob. c. p. 23
(25) FREIRE, Paulo
(1998). Pedagogía de la autonomía.
Segunda edición, México, Siglo
XXI Editores, p. 16
(26) FREIRE, Paulo
(1998). Cartas a quien pretende enseñar.
Cuarta edición. México, Siglo
XXI editores, p. 7-9.
(27) FREIRE, Paulo
(1999). Pedagogía de la esperanza.
Ob. c. p. 9.
(28) FREIRE, Paulo
(1999). La educación en la ciudad.
Ob. c. p. 5